Jueves, 27 de septiembre 2007 (16/01/2000).
Madrugón a las cinco de la mañana, bueno, el despertador sonando desde las cuatro y media y lo he ido aplazando hasta que Pako ha dado señales de vida. Poco antes uno de los israelíes con los que compartimos cuarto, el autista, se ha levantado, se ha cambiado de ropa y ha salido… ¡a pintar la escalera! Terminado de recoger y de subir lo poco que quedad al cuarto de las chicas salimos en busca de un minibús para ir a la estación. Asco está diferente, silencioso, tranquilo, sin olor a gasoil mal quemado, amanece. Antes de llegar a la Shell, para uno que va a Merkato, como aún no hay policía se aprovecha para sobrecargar el minibús. La estación de autobuses es un maremágnum de autobuses y gente, un gran espacio abierto donde no hay dársenas, los autobuses aparcados como pueden, maniobrando para salir o entrar, pasajeros cargados de maletas por medio evitando ser arrollados; todos los carteles están en amárico, solo sabemos que es el autobús 2299, vamos preguntando, como suele pasar, es el último de
toda la estación, va a tope, enseño nuestros billetes y nos hacen subir a un montón de hierros y gomaespuma con cuatro ruedas y una enorm
e baca cargada de maletones, cajas y otros enseres. Me “acomodo” a medias en la antepenúltima fila de asientos, en un espacio de apenas diez centímetros, tengo que sacar las piernas al pasillo ya que no me caben entre los asientos, Pako se sienta en un banquillo diminuto, sin respaldo, que despliegan de otro asiento de la penúltima, aunque tras una maniobra rara con una señora que estaba en la última fila, ésta se va y Pako se sienta como puede allá. ¡Vaya tartana!: ruidos metálicos, rugidos imposibles de motor, cada bache es un vaivén impredecible, cada cuesta un obstáculo casi insalvable. No me extraña que para un recorrido de poco más de 300 kilómetros se tarden 9 horas. Un par de paradas de la policía, todo el mundo abajo, revisión del autobús y de nuevo todos arriba. Todo bien hasta que se acaba el asfalto,”Carretera en mejoras con apoyo del Gobierno de Japón”, niebla… ¡no! Nubes, estamos a casi 3.000 metros de altitud y empieza el descenso. Reconozco que me he acojonado, vaivenes hacia el abismo, me he sorprendido a mi mismo rezando, derrapes con chirridos de ruedas, pensaba en que no habíamos podido registrarnos en la embajada y que si esto es despeñaba nadie
nos echaría en falta en varias semanas, baches que hacen botar y crujir el autobús… ha sido espeluznante, cuando parece que acaba que ya estás en llano, nueva subida y nueva bajada… ahora lo estoy escribiendo, pero juro que he pensado que no salía de esta, lo peor: hay que volver por el mismo camino. Entre los botes, los equilibrios en el precipicio, varias cabezadas (el cansancio hace que uno se pueda dormir incluso en el palo de un gallinero), la parada para el”rain” o “toilet” (en la fila del WC te preguntaban “rain or toilet?” rain es solo pis y se pasa al fondo a una especie de urinario común, si era toilet había que hacer fila, hombres y mujeres), el paisaje (impresionantemente verde), las risas con Pako y las conversaciones en “amaringlis” (mezcla de amárico e inglés) con los pasajeros de alrededor, a pesar de todo, el viaje no se hace pesado. Fin de viaje, llegada a la estación de Debre Markos. Manadas de chiquillos que buscan llevar una maleta o una comisión por encontrarte un hotel (Debre Markos es parada obligatoria de los autobuses que van al norte, hacen noche y continúan ruta al día siguiente). ¡Carne blanca! Vienen a por mí, pero como en ese momento se me acercan un par de viajeros con los que estuve conversando y me despiden con el saludo típico etíope, se paran en seco y nos dejan tranquilos. Vamos hacia la plaza principal, mañana es festivo aquí y hay festival con discursos, no estamos para ferias, así que tuc-tuc y directos a ”maser teresa” por sólo un birr por persona, y eso que está lejos, a casi una hora andando. Nos reciben en el centro, vemos a Lala, la superiora es eslovaca, nos enseña donde dormimos (¡qué lujo!), salón, dos habitaciones amplias (chicos y chicas) con un baño y ducha cada uno. Descanso, nos trae algo de pan, mantequilla, mermelada y agua caliente para hacer café y nos dice que luego nos presenta al resto de voluntarios. Colocación de las cosas y entran Guy y Sharon, chico y chica israelíes, que son los otros voluntarios, charla en la
habitación y nos vamos a la celebración de la exaltación de la cruz, una hoguera con una cruz en lo alto, se hace temprano para evitar que los críos se acuesten tarde, pero nos explica la Sister que en el pueblo se alarga la celebración hasta las cuatro de la mañana. Somos la novedad y todos los críos andan como locos, te preguntan cómo te llamas y no te sueltan las manos. Este centro también es un orfanato con unos 100 niños y niñas, solo que los martes y viernes abren las puertas y curan heridas de los enfermos de la calle. Los israelíes nos explican cómo funciona el centro, donde se va a por la comida o como se enciende la bomba del agua (solo hay agua corriente de 19:00 a 21:00, el resto con cubos que se llenan entonces), cena de sopa y ensalada, ellos se van a tomar café al edificio de los bebes con las cuidadoras, nosotros pasamos hoy, estamos cansados. Momento peluquería con corte de pelo y perilla, afeitado y a la cama que mañana es festivo y hay que estar presentables. Primera impresión: EXCELENTE.
